jueves, diciembre 23, 2010

Anotaciones al margen del boom gastronómico peruano


Barrios Altos, octubre 2009, Foto d.A.

En el análisis del boom de la gastronomía local, debe haber varias constelaciones explicativas para el fenómeno. Se ofrece por esta razón, una degustación simple:

De entrada: El boom de la gastronomía peruana es un ancla de identidad no tradicional. ¡Por fin! El orgullo ya no se ubica solamente en el pasado precolombino (saludo a "Buscando un Inca" de Alberto Flores Galindo, que continúa siendo tan actual como cuando lo escribió) sino que, a través del reconocimiento internacional y especialmente por medio de la dinámica de los medios de comunicación que justamente dan cuenta de este reconocimiento internacional, la gastronomía local produce un consenso que permite a los "peruanos", compararse y posicionarse en el mundo de hoy. El boom gastronómico funge entonces de proveedor de coordenadas. Queda pendiente la mirada a la percepción y expectativas que genera este posicionamiento desde su dimensión simbólica.

De segundo: La gastronomía es una práctica indesligable de su producto final; los secretos del Chef lo son solo si el producto en su materialidad observable, asible, degustable y olfatible, es acompañado de gestos de admiración llevados a escena por testigos. Esta presencia física, en forma, sabores y colores, ejerce una fascinación natural en el ser humano y lo seduce irremediablemente. Las interpretaciones se sobreponen posteriormente al instinto. Queda entonces pendiente la mirada a la materialidad de la gastronomía.

De postre: Una mirada a los medios: cómo producen y reproducen el boom gastronómico, abre los ojos más allá de la impresión de un plato bien presentado. Chef que no aparece en televisión, que no gana medalla en concurso o festival, que no da talleres o conferencias, que no aparece en críticas y guías, o que no saca recetario a través del auspicio de una editorial o medio escrito, coleccionable o en edición especial: NO ES CHEF. Queda entonces pendiente la mirada a los intereses, intenciones, roles y funciones que la sociedad otorga a los medios de comunicación, o que estos se autoasignan.
Barrios Altos, octubre 2009, Foto d.A.
 
Falta solamente la sopa. Quizá porque en todo menú ejecutivo junior (es decir en su versión económica) uno puede escoger entre ésta o una entrada. O, como en los chifas, donde tenemos alternativas de wantan frito o sopa wantan
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viernes, noviembre 12, 2010

¿Regiones en marcha?

La descentralización del País ha sido una vez más la vedette que en la capital nadie le da bola, pero que en las regiones llena la sala. Los últimos conteos de resultados de estas elecciones municipales y regionales  2010 ya los tenemos casi todos. Los dados han sido jugados una vez más y el tema de la descentralización comenzará a salir de la conciencia de la esfera pública, que volcará toda su atención a las elecciones presidenciales y legislativas que nos esperan el 2011.

Es parte de la democracia que el futuro y lo que se pueda hacer de cara a ella, se reflexione solamente cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. Pero ahora que ya pasó la histeria (hype como dicen algunos teóricos de las comunicaciones) de las elecciones, se debería tomar aire  y retomar la reflexión sobre que tipo de regiones deseamos tener en nuestro país.

La descentralización ha sido siempre ha sido una posibilidad y a la vez una barrera. El modelo actual se caracteriza por la relación conflictiva de un centro en continuo intento de subyugar a una periferia que constantemente se resiste. No responde a las demandas ni de la población ni de las fuerzas que acompañan el proceso de globalización. Ello no es nada nuevo. La relación disfuncional entre centro y periferias siempre ha sido una lamentable realidad en el país. 

Pero el gran problema de la descentralización del país es justamente su complejidad. Por un lado existen intentos que llevan décadas, muchos de ellos creados y al mismo tiempo torpedeados desde el centralismo, otras veces creados desde la periferia y trabados justamente desde ella, mientras que procesos de tercer tipo, es decir que no provienen ni de un lado ni del otro, suceden sin mayor interferencia y sin que se pueda reconstruir ni su origen ni su dinámica.

Pareciera que fuese un fenómeno típicamente peruano. Pero esta idea también es un sinsentido. Muchos de estos procesos de decentralización o de regionalización, como uno quiera llamarlo, son influidos o siguen patrones similares a dinámicas que compartimos con otros países latinoamericanos y con el mundo en general, en lo que algunos expertos describen como los fenómenos resultantes de la interacción de los procesos de globalización y localización (glocalization).

Sin embargo, el término mismo de Descentralización lleva en él mismo una importante limitación. Las palabras son gestos cargados de significado. Habría que considerar entonces lo que se avanzaría si se evitaran las palabras Descentralización y Provincia. El argumento es básicamente de tipo emocional. El proceso de “des”centralización hace referencia a un accionar de tipo reactivo y hablar de lo provincial hace referencia a la eterna y frustrante condición de ser periferia. Hablar de Desarrollo Regional o de regionalización sería justamente eso, uno de aquellos pequeños pero bien encaminados pasos.

Existen otros paises y regiones del mundo que pueden servir no de modelo sino de cantera para ideas y reflexiones. Se argumenta con frecuencia que las naciones parecen estar en un proceso de pérder su omnipresencia como actores, mientras que algunas de sus regiones aparecen con mucha más presencia que antaño.

Por ejemplo, la Union Europea no solamente es un conglomerado entremezclado de naciones, es también un gran conglomerado de regiones muy diversas. Y es que Europa, como todas las grandes regiones del mundo ha sido desde sus orígenes un gran caos de regiones, íntimamente entrelazadas al tiempo que continuamente intentaban subyugarse unas a las otras. El renacimiento contemporáneo de las regiones, un fenómeno que acompaña la globalización es un paso más en este proceso. Una explicación podría ser que las regiones son más pequeñas, más homogéneas y más flexibles que los actores nacionales. Es por eso que en la Comunidad Europea se trabaja cada vez más con la idea de una Europa de las Regiones, en la que serán estas las que determinarán calidad de vida y niveles de desarrollo.

La pregunta que queda abierta es que hacer con nuestras regiones. Queda entonces pendiente mirar las regiones del país desde una mirada holística, lo más abierta y completa posible. Antes de hacer planes maestros, que tientan a la reescritura con cada cambio de gobierno regional, se necesita que la región entera se mire junta. No lo que haya que hacer a corto plazo que por este camino lleva al enfrentamiento inevitable, sino cuales son los consenso mínimos sobre el pasado, la realidad y el futuro de la región. ¿Si otras regiones en el mundo lo han podido hacer, porque en el Perú no es ello posible?

¿Que sucediese si en una región del país se lograse más claridad sobre por ejemplo cinco dimensiones, como fueron propuestas para una región alemana en pleno sufrimiento de las consecuencias de la caida del muro? En ese caso identificaron como capas de reflexión regional las dimensiones de la  Historia/Cultura, Medio Ambiente/Ecología, Circulación, Economía, e Identidad.  Mientras que otro estado federal mucho más exitoso convocaba a 500 personajes regionales de todas las tiendas, para hacer un diagnóstico acerca del posicionamiento de su región. Son solamente dos ejemplos de búsqueda por alternativas de desarrollo. ¿Cuantas más habrá?

Si en otros paises o regiones del mundo ya se buscan crear y seguir proyectos de desarrollo integral, a mediano y largo plazo, que contengan el mínimo común de consenso, que siempre se puede encontrar, ¿porque aun no lo logramos hacer en el Perú? Y si nos cuesta tanto, ¿porque no estudiamos los casos en otros lados del mundo? Puede que mirando hacia el otro, nos encontremos nosotros mismos.

miércoles, octubre 27, 2010

Mirando conflictos

Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre, dice un adagio clásico, expresando algo que muchos hemos experimentado en carne propia en algún momento de nuestras vidas. Detrás de esta amargada expresión encontramos una idea que conocemos todos ampliamente. No solamente la encontramos incrustada en nuestro mundo social, hemos sido inoculados con él. El conflicto nos acompaña a través de todos los ámbitos de la vida humana. Es un término inherente a nuestra interacciones, es una manifestación anclada en la naturaleza de nuestras relaciones.
Conflicto es enfrentamiento y al mismo tiempo encuentro entre partes, que en algún momento de su complejidad involucrará a personas naturales, es decir a nosotros como seres humanos. Puede ayudarnos al tener un final feliz o al terminar con un resultado medianamente positivo para las partes; pero puede en igual medida finalizar en dolor, en sentimientos de pérdida, de discriminación y ostracism. O terminar en deseos de venganza, en estados de profunda desesperación.
Todo conflicto, sea entre grupos pequeños, entre organizaciones e  instituciones complejas, entre comunidades y empresas, o entre partidarios o simpatizantes de religiones, ideologías o cosmovisiones contrapuestas, suele ser abordado como lo que es en la mayoría de los casos: un conflicto de intereses, desde una perspectiva que enfoca sus dimensiones socio-económicas, políticas y legales. Sin embargo el factor cultural por un lado y el factor psicosocial por el otro, intervienen de manera tectónica, subterránea y fundamental, actuando como catalizadores o inhibidores.
¿Cómo entonces combinar la dimensión concreta de un conflicto, la interacción de los interéses de las partes con aquellos aspectos que son en ocasiones perceptibles al primer intento, pero que en la mayoría de las ocasiones no logran acaparar la atención de los involucrados? El impacto de variables de tipo psicológico, de por si contundente en la dinámica de todo conflicto, como lo pueden ser personalidad, liderazgo carismático y tolerancia disminuida a la ansiedad entre muchas, se combina con la fuerza de otras variables de tipo colectivo como clima emocional, expresiones colectivas de xenofobia, manifestaciones compartidas de identidad social. Y esta interacción a su vez, se encuentra expuesta aun marco de influencia compuesto por las instituciones que articulan la sociedad y las dinámicas que impulsan los procesos culturales.
Una herramienta de aproximación a la dinamicas socioculturales del conflicto podría ser desarrollar un metología de doble mirada, que permita generar teorias ´ad hoc´ para entender el conflicto objeto de nuestro analisis y posible intervención,  y generar a partir de ellas lineamientos de intervención concretos y aplicables a nuestro caso.
Estas teorías buscarían comprender el contexto sociocultural del conflicto objeto de nuestra curiosidad en el momento y lugar en que es aproximado. En cierta medida estaríamos generando una representación social del conflicto en cuestión, con la diferencia que el acercamiento sería más científico que cotidiano, en la medida que sistematizamos nuestra observaciones y expresamos textualmente nuestras interpretaciones.
Mirando la psicología del “nosotros y ellos” en simultáneo con la reconstrucción de la dinámica de lo sociocultural generamos un cuerpo de observaciones y conclusiones que sirven de material en la búsqueda de estrategias de resolución y de consenso. Junto con la dimensión concreta del conflicto y las técnicas de gestión del conflicto permiten llegar a soluciones creativas y probablemente eficaces, ya que asegurar una garantía absoluta es en nuestro mundo de alta complejidad un acto de soberbia poco responsable.
Aplicando una mirada etnográfica a través de una descripción interpretativa breve como densa, se descubren los sesgos cognitivos y prejucios en los que caen las partes involucradas e incluso el observador mismo, se reconstuyen las representaciones, hábitos y estrategias de simbolización y narraciones etnocentristas, tomando en cuenta la esencia multicultural, buscando develar los principios de la interacción de las partes, considerando prácticas de marginación, discriminación y violencia - estructural o concreta, comprendiendo sentimientos xenofobia y de privacía relativa, que en muchas ocasiones han dejado de ser relativas para convertirse en muy reales, se logra tener un panorama sumamente valioso en material relevante para la misión de aquel que se aproxima a los conflictos más virulentos que marcan nuestra sociedad.